A MI VIEJITA QUE TANTO AMO…
Un año más se ha ido y con él siento que te pierdo un poquito más…
No puedo hacer nada por detener el tiempo ni a esa enfermedad que me roba poco a poco tu sonrisa y tu mirada expresiva. Pero no quiero pensar en lo que no puedo cambiar…
Cada mañana doy gracias a Dios por el dulce olor de tu presencia y tu caminar pausado.
Amo tus manos pequeñas y suaves, las mismas que me dieron caricias años atrás cada vez que la vida me hizo llorar, las que me ayudaron a ponerme de pie tantas veces…
Porque me enseñaste a luchar contra la adversidad y a amar sin limites, yo te prometo madrecita que no me cansaré de buscarte en “tu mundo” y en lo imposible… aunque no me recordés, siempre sentirás el amor y la ternura que sembraste en mí, en cada abrazo, cada beso, cada canción que te cante, en cada detalle y atenciones que te de día con día…
Dios nos está prestando uno de sus angeles y que más orgullo y bendición puedo tener, si le puedo llamar MADRE.
Te amo, por siempre…
Tu M@ry
